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El año pasado me encontraba disfrutando de un viaje por Israel junto a algunas otras personas, y en especial estaba disfrutando (demasiado) de la comida de Oriente Medio, y no haciendo prácticamente nada de ejercicio. Un día en particular, ¡me miré al espejo y me di cuenta de que no era el hombre que solía ser! Tenía que tomar una decisión. "¡Esto tiene que cambiar!"

¿Alguna vez te has sentido así acerca de algo en tu vida que representaba tu fracaso o tu dolor, o tal vez un error grande que habías cometido? ¿Crees que de verdad puedes cambiar tu vida? Romanos 12:1-2 nos dice que podemos.

Así que esto es lo que quiero que hagas, con la ayuda de Dios: toma tu vida cotidiana y ordinaria (tu dormir, comer, ir a trabajar y andar por la vida) y ponla ante Dios como una ofrenda. Abrazar lo que Dios hace por ti es lo mejor que puedes hacer por Él. No te vuelvas tan cómodo con tu cultura que encajes perfectamente en ella sin ni siquiera pensarlo. En lugar de eso, fija tu atención en Dios. Serás transformado de dentro hacia afuera. Disponte a reconocer lo que Él desea de ti, y sé rápido en responder a ello. A diferencia de la cultura a tu alrededor, que siempre te arrastra y te rebaja a su nivel de inmadurez, Dios saca lo mejor de ti y desarrolla una madurez bien formada dentro de ti

El primer paso hacia el cambio es creer que puedes. No tienes por qué seguir siendo como eres porque Dios es un Dios de cambio y de transformación. Él puede traer cambio a tu vida y sacar lo mejor de ti