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El invierno ha pasado. Una nueva estación empieza. ¡Es un nuevo tiempo, una primavera para tu casa, para tu relación con Dios, para tu ministerio, para toda tu vida!

Ya brotan flores en los campos; ¡el tiempo de la canción ha llegado! Ya se escucha por toda nuestra tierra el arrullo de las tórtolas.
La higuera ofrece ya sus primeros frutos, y las viñas en ciernes esparcen su fragancia. ¡Levántate, amada mía ven conmigo, mujer hermosa!
Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en las hendiduras de las montañas, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; pues tu voz es placentera y hermoso tu semblante

Cantares 2:13-14

Él te dice hoy levántate. Muéstrame tú rostro, hazme oír tu voz: Llegó la hora de mostrarnos, de revitalizar nuestra relación con Dios, de disfrutar la primavera que Dios nos ha dado. Escuchemos su voz, salgamos de la peña, disfrutemos la primavera, Es un tiempo para meditar y rectificar

Sabes, el invierno condiciona la primavera, ¡Qué importante es el invierno!

El invierno es la estación del año que invita a los hombres y a todas las criaturas, a refugiarse en sus moradas. El frío, la lluvia, y la crudeza del clima, nos obligan a detenernos en el camino, y a más de alguno lo retendrá en su lecho, por algunos meses.
Este proceso de la vida no siempre el hombre lo entiende, o puede discernir la voz de Dios en la naturaleza; pero es el llamado del creador, como un Padre sobre sus criaturas, a culminar un ciclo de la vida y dar comienzo a un tiempo nuevo.

Job, vivió un crudo invierno, él fue despojado de todos sus bienes, sufrió la pérdida de todos sus hijos, su salud fue quebrantada, hasta el punto que en su dolor deseo la muerte; pero en medio de su aflicción pudo decir:
Yo sé que mi Dios vive, sé que triunfará sobre la muerte, y me declarará inocente.
La fe de Job se fortaleció en este periodo, creció y traspasó sus circunstancias.

El invierno es un periodo para nutrirnos y refugiarnos en Él, para fortalecernos en su vida de resurrección.

Fue esta vida de resurrección, que levantó a Job de su aflicción.

"Y quitó Dios la aflicción de Job... y aumentó al doble las cosas que había tenido... y después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación"

Un duro y lluvioso invierno, es el preludio para una fructífera primavera.
Alégrate y regocíjate, porque tu duro invierno traerá una bendecida primavera.